En los albores 1.0 de la web moderna, cuando era cool leer tu correo electrónico en texto simple a través de telnet y los sitios web se diseñaban para explorer desde el editor light que incluÃa; cuando un dominio costaba más de lo que ahora cuesta un hospedaje anual y lo más normal era que nos hospedáramos llenos de emoción en Geocities o Lycos, entonces surgieron los premios web. Hablo de 1996.
En esa época, con la intención de autopromocionarse, algún sitio o “portal” comenzó a premiar a otros sitios que cumplÃan sus expectativas y paradigmas de estética y contenido. Muchos daban, o dábamos, premios, intentando con ello destacar lo que parecÃa mejor, y asà recibiendo algunas visitas de vuelta o siendo tomados en cuenta para ser indexados, manualmente entonces, no lo olviden, dentro de sus directorios de “premios recibidos”.
Lo que trato de decir es que eso de los premios es cosa muy vieja. Después de que la moda pasó, se dejaron de otorgar premios y surgieron otras modas para obtener visitas de vuelta. Esos métodos fueron los botones de “Top” que regularmente incluÃan alguna clase de Javascript o Pupup que nos llevaba a un contador de hits, mismo que añadÃa esos clics a una base de datos en un sitio donde nuestro banner estaba incluido. AllÃ, los más altos en la lista recibÃan más visitas y de este modo, se hacÃa un ciclo que promocionaba un sitio. Por eso aun hoy es normal ver a un sitio o blog lleno de botoncitos en las barras laterales con “Top 25″ o cosas similares.
¿Por qué esas cosas se dejaron de usar? Porque sobrecargan los sitios con código inútil, porque complican la lectura, ensucian la vista y el diseño de un sitio y llenan de vanidad lugares que cada vez son más personales. En pocas palabras, los blogs son como personas y ¿qué piensas de una persona que sale pintada exageradamente, peinado como si llevara un espantapájaros en la cabeza y viste como caja fuerte? Eso se puede pensar de un blog sobrecargado.
Desde hace unos meses tengo muchos deseos de escribir esto, porque, asà como las malas pelÃculas tienen hasta 6 partes, esto de los premios va por la segunda, su versión 2.0, blogeril y “moderna”. Ahora está de moda participar en ciertos “memes“, donde de un blog a otro se pasan un premio, que no se otorga porque realmente esos premios valoren la calidad de un sitio, si no porque un sitio nos ha gustado, el escritor nos cae bien y ya. Premios por diseño se otorgan a sitios que usan el template base o estándar de Blogger o de Wordpress, o que rompen la estética más simple. Premios por “hacer pensar” se dan a sitios que copian y pegan escritos de autores de libros. Asà va la historia.
Hace unos meses, me tocó la bolita, pues mi esposa recibió un premio llamado the thinking blogger award, mismo que su creador ha sacado de circulación, y ella me lo pasó a mi. Yo me detuve, puesto que ya lo venÃa viendo circular por todos lados, cumpliendo con las reglas de un meme, y le dije “pero ese es un meme ¿no?”. Ella se dio cuenta de ello y nada, asà quedamos yo sin mi “premio” y ella riéndose por lo recibido y por lo que representaba entonces tal cosa.
El caso es que si lo notan, la idea es que a través de darle un premio a 3, 6 o 12 cuates tuyos te hagas de promoción en sus sitios a través del meme, con cosas como “Fulano me pasó este premio”, donde “Fulano” es el nombre del que pasa el meme y va ligado. Al poner el botón respectivo en si sitio, comienzas a recibir visitas desde ese sitio. ¿Sabes quien recibe más visitas? El que se inventó el premio, como en cualquier pirámide, ni más ni menos.
Claro que no está mal, todos queremos visitas, pero el hecho de dar un “premio” implica que no es una recomendación, si no una valoración dentro de concurso. Si vas a recomendar 5 sitios que te gustan a través de un premio ¿entonces para qué es el Blogroll? Sólo mételos allà y ya. Si no metes a alguien en tu blogroll, ¿sabes cómo se puede meter allÃ? Te manda un premio y voilà , ya está en tu barra en un tris.
Claro, yo lo se, no todos lo comparten con esa intención maléfica de filtrarse a una lista de recomendaciones, pero precisamente por eso es un meme. Es una muy sencilla manera de pasarse tareas e ideas de un lado a otro, con normas y clonando datos, sólo que en este caso son recomendaciones de sitios. Por ello no veo el caso de llamarles premios. ¿Dónde está el premio si me lo dan mi esposa, mi mamá y mis 15 cuates que siempre comentan en mi sitio? Creo que serÃa más honesto si le llamáramos “PÃldoras de amor” como la aplicación de Facebook, o nos mandáramos “bebidas”, como se hace allÃ. Esos son detalles, retribuciones y regalos sencillos pero que transmiten afecto, por eso su lugar está en las redes sociales.
Desde luego que no es crÃtica, pueden seguirse mandando sus premios, no estoy en contra de ello ni lo condeno amargamente desde mi lúgubre silla de piel y mi escritorio de madera ocultos en la más mohosa habitación victoriana de mi casa gótica. No estoy realmente en contra de eso, sólo que llevo meses viendo ir y venir botoncitos brillantes de un blog a otro, con “pinta de premio” y no puedo evitar decirme que ha vuelto otra moda más y en este caso, es todo un clásico reinventado, una mona vestida de seda a la 2.0 que seguirá dando vueltas. En la web 3.0 los premios serán semánticos, seguramente, pero seguirán allà cuando esa web llegue.
Ahora tenemos premios como el Thinking Blogger Award que mencioné hace rato, o los que he visto hace poco; el Premio por su esfuerzo femenino, creado por una usuaria de Blogger llamada Romina, de Chile; el premio Brillande Weblog o el Premio Blog Solidario, ambos creados por Blog La Bohemia.
¿Qué sigue? Los premios cristianos, claro. Les puedo asegurar que pronto veremos premios como “El blog bendecidor 2008″ o el “Premio Chiquito y Bonito Amén Aleluya” que, como dije antes, será sólo un meme pasado entre cuates, que nos va a tocar a todos, que va a ser otra nomenclatura más a ponernos, otro botón en la imposible de cargar barra lateral, dando a los visitantes la ilusión de que toda una autoridad en semántica y contenidos nos ha otorgado un premio tras un exhaustivo concurso.
Insisto, no es malo recomendar sitios o mandarles visitas. Lo que es incorrecto, es que le llamemos premio, cuando es una simple recomendación por post, dado que esos sitios coinciden con nuestros gustos. ¿Por qué no les llamaron recomendaciones y no premios?
¿Premios de verdad para los blogs? Los Bobs, son un ejemplo, otorgados por la televisión alemana cada año. Otros serÃan los premios 20 Blogs, que entrega el periódico 20 minutos. Desde luego que ellos llevan agua a su molino, pero también reúnen las voces y el conocimiento suficientes para evaluar a los weblogs inscritos bajo paradigmas bien establecidos y con datos comprobables, premiando asÃ, realmente, el esfuerzo y trabajo de uno o varios blogers que lo merecen.
No, no estoy amargado, pero hay que decirlo, yo mismo recomiendo en mi blogroll a muchos, otros me recomiendan a mi y asà todos felices. También me gusta entrarle a todos los memes y eso es muy bueno, porque en sà es honesto y permite compartir vistas, lo cual es el fin de los premios en cuestión. Hay muchos tipos de premios. Conozco a alguien que dedica un altÃsimo porcentaje de sus contenidos y aun el diseño de su sitio a “homenajear” este blog, supuestamente por denuncia y queja; eso sà que es todo un premio.
Actualización:
Acabo de ver otro meme-premio, esta vez es el premio Calidez, lo vi en el blog de Triple, iré siguiendo el meme, a ver hasta dónde llega y quien lo inventó. Insisto, esto es cosa que seguirá por décadas… y no estoy en contra de los “premios” como ya me dijeron en un comentario, sólo se me hace chistoso llamar “premio” a un meme, porque los premios de este tipo en sÃ, son algo tan antiguo como el spam y la web.
Actualización 2:
Estoy pensando en hacer un contra-premio, lógicamente será en tonod e broma y sarcasmo, o no se… a ver qué se puede hacer. Ya veremos… tiene que tener un diseño espectacular… quizá le ponga lucecitas de colores sobre fondos texturizados color sepia y confeti tridimencional… no se, lo que mi buen gusto me dicte.