Cuando Obedezco (obedeceré), la canción. Su historia y licencia.

10 abril, 2011

Algunos olvidan o no saben que también hago canciones, pero mi primer composición la hice hace más de 23 años. No es mucho de mi agrado pasarme por épocas anteriores para hacer remembranzas, pero, en clara contradicción a ello, quiero participarles de una anécdota.

Hace 3 años más o menos, platicando con dos chicas que conocimos mi Esposa y yo en Xalapa, nos contaban que hubo un tiempo en que asistieron a Amistad Cristiana A.C., grupo cristiano en el que crecimos y donde al final de nuestra etapa en el Distrito Federal trabajamos como Directores de Alabanza con los niños. En ese entonces fuimos poco más de 30 músicos dedicados a los, entonces, al rededor de 1500 infantes, sin contar bebés y tomábamos turnos para llevar música de adoración a ciertos grupos en una labor titánica.

Al rededor de 1991 (curiosamente recordaba que era en 1993, pero mi mayor virtud no es la memoria), años antes de que asumiera mis funciones de director de todo el grupo, se me pidió que compusiera un tema para el Club Bíblico de Verano (no le llamábamos “escuela”, porque ¿quien quiere ir a la escuela en vacaciones?). Ya había compuesto algunos temas para campamentos, una olimpiada y en esta ocasión me pidieron que hiciera un tema sobre la obediencia porque ese iba a ser el tema del club. En lugar de escribir un tema, compuse dos: uno para los niños mayores de 6 años y otro para los preescolares.

El primer tema se llamó “Yo te alabaré”, mismo que en 1992 se grabó junto con otros de Luis Barrientos, Juan Salinas y 4 canciones más de mi autoría. La canción para los preescolares quedó guardada y al año siguiente, en 2003 se grabó en “A Cantar”, interpretada por Blanca Rojas de Domínguez, con quien un año más tarde yo grabaría “Ser Como Cristo”.

Así pues, las dos canciones sobre la obediencia quedaron grabadas en cinta magnética y reproducidas en los walkmans de miles de niños noventeros… pero la cosa no quedó allí. Estos crecieron y, como placer culposo, en su adolescencia siguieron escuchando las canciones. Cuando ejercieron sus  propias decisiones ministeriales, comenzaron a ocupar las canciones que antes cantaban de niños.

Así las cosas, le perdí la pista al paso de mis canciones de persona en persona; algunas se quedaron en la cinta, otras pocas, siguieron vivas en las guitarras y voces de maestros de escuela dominical por años.

Una en particular ha resistido los embates del tiempo. Yo creo que es por su sencillez, su claridad de mensaje y que fue hecha específicamente para ir a la par con otras canciones sencillas de niños que son tan viejas que no recordamos de dónde vienen, como “Nuestro padre Abraham” o “Zaqueo” (ese que era un chaparrito así, que vivía en Jericó).

Esa canción fue “Cuando Obedezco”, la versión sencilla y preescolar acerca de la obediencia que compuse para el Club Bíblico de Amistad Cristiana A.C. en 1991.

Entonces, hace tres años, platicando con aquellas muchachas que nos contaban sus travesuras en la infancia, calculamos que por lo menos una vez debieron cantar con nosotros, y ellas comenzaron a recordar las canciones de su niñez; llegando inevitablemente a “Cuando Obedezco”. Al enterarse que yo la había hecho, se pusieron muy felices y me sofocaron con bromas muy alegres, según ellas felices de conocer al autor de la canción, y yo, no paraba de reír, porque al fin y al cabo, esa canción cumplía su propósito. Eso es sólo una de las muchas veces que me he encontrado personas que la conocen, cantan y recuerdan.

Cuando comencé con los planes para retomar esa parte musical que hay dormida en mi, imaginé que “Cuando Obedezco” sería la más recordada de las canciones que compuse, aunque lógicamente el autor no fuera conocido o recordado; pero me dí a la tarea de buscar en Google para rastrearla.

Me dio mucho gusto ver entonces cómo jóvenes de otras latitudes tomaban la canción interpretada por Blanca y la representaban usando los mismos movimientos que nosotros inventamos hace décadas para nuestros niños. Encontré niñas pequeñas cantando tiernamente y con lengua de trapo el mismo tema que fue pensado para ellas y un día encontré una versión remezclada de “Cuando Obedezco”, presentada con un nombre diferente: “Obedeceré”.

Hace poco me puse en contacto con el cantante que interpretaba el tema y platicamos de el. Resultó que nunca me pidió permiso para grabar la canción porque buscó al autor y no lo halló. Esto a pesar de que en 2006 escribí acerca de mis canciones y la mencioné. El caso es que preguntó a varias casas disqueras y jamás encontró nada del autor; supuso de buena fe que era del dominio público e incluso hubo quien se lo confirmó. Siendo así, la grabó involuntariamente sin permiso.

Después de hallar esta versión y antes de conocer a su intérprete, por meses estuve pensando: ¿Debo dejar allí las cosas o debemos ponernos a hacer cuentas de regalías? Oré, pensé, medité, pedí consejo y al final me decidí por presentarme y arreglar el pago de las regalías correspondientes.

¿Por qué cobrar por una canción? ¿Acaso no soy un defensor de los Izquierdos de Autor? ¿No soy promotor de los Creative Commons? Desde luego, pero también soy autor con temas registrados ante las instituciones correspondientes y esa, junto con otras 11 canciones mías fueron grabadas desde hace tiempo, tienen su respectivo registro que obliga a cualquiera a solicitar permiso para su uso comercial.

Es lo justo. Es lo correcto. Y aunque puedo decidir o aceptar con felicidad y orgullo que mis canciones se difundan por las redes P2P, para que se copien y se reproduzcan, eso tendría que ser primeramente mi decisión. De hecho para eso están las licencias Creative Commons. Me encanta la idea de que cualquiera pueda pasarse una canción libremente, pero con las licencias Creative Commons se mantiene el reconocimiento del autor y se conserva el nombre de su obra. ¿Para qué? Para mantener orden y así permitir o evitar que se lucre con una obra; o bien, que el autor pueda cobrar las regalías correspondientes en los términos que él decida.

Entendamos bien. Si un disco se obsequia, las regalías son “$0.00″. Si se vende, las regalías corresponden a un porcentaje de la canción. A demás, en México, se protege la reproducción pública de una obra y como en todo el mundo, si se cobra una entrada, la obra genera regalías. Si alguien graba una obra sin permiso del autor, sea por desconocimiento (como creo que es este caso particular) o por plagio (como hay otros casos) el autor tiene el derecho de exigir que se le pague todo el ingreso que generó su obra en particular.

Desde luego que los autores podemos liberar parcial o totalmente a una distribuidora o artista del pago de regalías por las obras; pero eso es después de que nos soliciten el permiso, cosa que aquí no sucedió. Lo que es peor, es que muchas personas no saben de dónde salió “Cuando Obedezco” u “Obedeceré”; y de saberlo, seguramente eso me facilitaría la creación de nuevas obras, como las grabaciones que tenemos pospuestas.

Eso demuestra la necesidad de que los autores conozcamos y compartamos con licencias Creative Commons. Yo jamás estaré a favor de que los autores seamos pirateados. Lo que siempre he defendido es que aprendamos a compartir libremente lo que puede ser copiado a nuestras espaldas sin nuestro permiso.

Con el uso de una licencia Creative Commons queda constado en público y de una vez, quien el el autor y para qué da permiso, si para reproducir, editar, cambiar, vender o regalar la obra. A demás queda como decisión del autor y la da a conocer de una sola vez y sin dudas.

Otro ejemplo. Imagínense que compran una casa. Se van de vacaciones y al regresar les abre la puerta alguien que hizo una fiesta dentro. Al presentarse como dueños de la casa, les dicen que ellos pensaban que la propiedad era del “dominio público” porque les buscaron y no les hallaron, así que por eso se metieron. El Copyright no fue suficiente como preventivo, aunque me permitió efectivamente defender mis derechos.

Volviendo al ejemplo, imagínense que, a demás, les dijeran que les darán un pedacito de pastel, un par de globos y que debe de quedarte el gozo de saber que Dios fue bendecido con la fiesta, sí, ese fiesta en su casa que otros tomaron sin permiso. No, lo justo es que tú decidas si la fiesta sigue sin que te paguen, que decidas cobrarles lo correspondiente o si así decides, que se salgan y acabe la fiesta. Lo que convenimos el intérprete y yo en este caso particular en el que se grabó “Cuando Obedezco” como “Obedeceré” en su proyecto comercial (porque se vende con un costo), es que me pagará una compensación justa por los 4 años que se ha ocupado sin pagar regalías y a partir de marzo de 2011 puede ocupar la canción con una licencia Creative Commons 3.0 By Unported. No es una fortuna lo que me está pagando como compensación, no me haré rico de ninguna manera y no es mi intensión lucrar con una canción de alabanza, pero es lo justo y es lo que se debió acordar al principio. Para eso son las licencias, para ponerse en las obras y que la gente sepa qué se puede hacer y si cuesta o no.

Por lo demás, y para evitarnos malos entendidos, he decidido que “Cuando Obedezco”, conocida también como “Obedeceré”, lleve a partir del mes de marzo de 2011 para todo el mundo una licencia Creative Commons, la misma que le dí al intérprete en cuestión, misma que publico en este post y publicaré en otro sitio destinado específicamente para ello.

Cuando Obedezco (Obedeceré)

Letra y música: Carlos Alberto González González, © Copyright, 2000
Licencia Creative Commons
Esta obra está bajo una licencia Creative Commons Atribución 3.0 Unported.
Se permite copiar, distribuir y transmitir el trabajo, remezclarlo, adaptarlo y crear obras derivadas, siempre y cuando se acredite la autoría de la obra. En caso de ocupar esta obra, la licencia y su autor deben ser citados apropiadamente.

 

Cuando obedezco lo que dice Jesucristo
me hago fuerte y crezco al oír su voz;
y si el diablo dice “no le obedezcas”
lo callo y le digo: obedeceré.

Cuando obedezco lo que dice mi papito
me hago fuerte y crezco al oír su voz;
y si el diablo dice “no le obedezcas”
lo callo y le digo: obedeceré.

Cuando obedezco lo que dice mi mamita
me hago fuerte y crezco al oír su voz;
y si el diablo dice “no le obedezcas”
lo callo y le digo: obedeceré.

Cuando obedezco lo que dice el presidente
me hago fuerte y crezco al oír su voz;
y si el diablo dice “no le obedezcas”
lo callo y le digo: obedeceré.

Cuando obedezco lo que dice mi maestra
me hago fuerte y crezco al oír su voz;
y si el diablo dice “no le obedezcas”
lo callo y le digo: obedeceré.

Cuando obedezco lo que dice policía
me hago fuerte y crezco al oír su voz;
y si el diablo dice “no le obedezcas”
lo callo y le digo: obedeceré.

Cuando obedezco lo que dice Jesucristo
me hago fuerte y crezco al oír su voz;
y si el diablo dice “no le obedezcas”
lo callo y le digo: obedeceré.

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