9 junio, 2011
Ya se, usted “que va de victoria en victoria” me dirá que Dios siempre da algo, que sólo es cosa de “verlo espiritualmente y creer en un Dios sobrenatural, amén, gloria a Dios”… pero no me trago eso. No es el tema, pero lo abordo: la biblia no nos forza a ver a Dios así. Sin embargo años van y vienen, junto con generaciones de cristianos que se levantan de día en día esperando tener más bendiciones que ayer. Eso, así como se lee… tener.
Incluso, no se si Dios me esté mandando mensajes, pero me encontré este post de Isabel Pavón en Protestante digital; y es justo lo que he estado pensando en varios días (meses, de hecho). ¿Por qué ver a Dios como el proveedor si podemos verlo como El Padre? Un padre es mejor padre mientras más balance tenga entre dar, negar, recibir y entregar. Un padre no siempre dice lo que justifica una orden, pero espera obediencia por la seguridad de los hijos; un buen padre no castiga, deja que las consecuencias alcancen a los retoños y que el “te lo dije” selle la experiencia para después poder decir “ven, yo te ayudo”.
Dios es un Dios de pobres. Lean bien las bienaventuranzas (Mateo 5:3-12), verán que no son las “cinco fórmulas para el éxito sobrenatural” que nos intentan vender desde hace años. Son el establecimiento del Reino de los cielos y como eso, son entonces las condiciones para entrar y vivir en el.
El reino de los cielos es de los pobres de espíritu, de los que lloran, los mansos, los que tienen hambre y sed de justicia, los misericordiosos, los de limpio corazón, los pacificadores, y los que son perseguidos por causas justas. El reino de los cielos da un valor que no se puede tener, algo que no se puede poner, que no se usa, almacena, cuantifica o califica. El reino de los cielos no es “ser suplidos en todo”, si no vivir la bendición de Dios, en Cristo.
Eso, como siempre digo, no significa que dejaremos de estar en situaciones difíciles. Eso no implica que el que no tiene dinero esté atado a maldición o no viva con fe. Eso no representa la vida sobrenatural de Dios ni sus milagros. Pablo siguió siendo un gran cristiano en la cárcel; Esteban siguió en la gracia aunque murió apedreado; el ladrón de la cruz al lado de Jesús no fue al cielo sólo porque diezmara y ayunara cada día y la mujer samaritana no fue seleccionada para dar el mensaje de Cristo por su pureza y vida sexual irreprochable: Dios escoge personas carentes, falentes, incompletas, perdedoras, apócrifas, miserables, necesitadas, con hambre y con ganas de cambiar todo eso por una gota de la misericordia del Padre.
Luego viene la maquinaria aplastante de la mercristiadotecnia y se nos olvida la gracia… entonces todo es decir: merecemos, quiero, necesito, dame, ponme, cumple tus promesas, te pido… si es tu voluntad dame a la rubia nueva por esposa… y esas cosas. Cristianismo de biberón, pañal y sonaja aderezada de emociones pueriles injustificadas. El reino de los cielos es de los que son como niños, no de los inmaduros. ¡Ah! Pero para para madurar, hay que tropezarse y caer, levantarse y seguir.
Hoy Dios, en lo particular, nos dio una sorpresa. Algo que pensábamos comprar en algo de tiempo, ahorrando y planeando. Sin embargo, llegó sin pensarlo y sin gastar un peso. Dios, quiero creer, nos dejó vivir un minuto del azar y del caos en un sentido de ganancia directa y no de inversión a largo plazo, como los últimos meses había sido. Fue algo tan sorprendente, que no lo voy a contar para no romper el encanto… eso, y porque no quiero transformar un blog de 10 años de publicaciones en un muro personal de mis alegrías y experiencias cotidianas ejemplares (si, era sarcasmo). Sólo diré que nos llegó algo que nos faltaba desde hace… como 7 años; algo que durante esos 7 años aprendimos a no ver y a no necesitar; algo que al faltar no nos impidió dar, ofrecer o sacrificar en pos de otros. Hoy llegó, después de algunas otras cosas que ponen una pausa a un largo ayuno involuntario pero voluntariamente asumido como bueno y necesario para aprender y crecer.
Puedo decir hoy, que lo que Dios nos dio esta mañana no lo necesitábamos, no lo pedimos, no lo queríamos, no lo buscamos, no lo tramitamos ni lo soñamos. Simplemente, llegó, nos encantó, y literalmente nos sentamos a disfrutarlo con la misma gratitud que hace dos semanas teníamos ante un plato semi vacío. Dios es bueno, pero no me interesa qué reparta. Para eso están las campañas políticas; regalan playeras, gorras, plumas y freesbies… Yo lo que quiero es un huequito en el corazón de Dios, y como eso ya lo tengo y me ha caído el veinte poco a poco, desde hace un par de años dejé de pedir lo que sea. No pido nada cuando oro, sólo doy gracias… abro mi corazón, me quejo, protesto y cuando mi carnalidad no me hace retroceder, entonces digo “sí, gracias”, sonrío y soy inmensamente feliz.
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excelente tiene mucha razón, les mando una pagina donde podrán encontrar información muy completa sobre la palabra como diccionarios, referencias biblicas, devocionales entre otras cosas, lo recomiendo plenamente.
si en el mundo se venden tantas cosas por internet Dios nos dio este medio para que su palbara se de a conocer http://66ecbiqo05pdoq3cngu3qxku0p.hop.clickbank.net/?tid=A1
Estoy de acuerdo con lo que escribes, hoy la mayoria de los cristianos al hablar a otros de nuestra fe lo “venden” a Dios como el dador y proveedor de todos las cosas que necesitamos y muy pocos nos acordamos de que por sobre todas las cosas es nuestro padre y lo debemos amar por eso y no por lo que podemos recibir de El.
Saludos y bendiciones!
YO CONSIDERO Y ME HAGO COPARTICIPE DE SU PENSAR ,PERO TAMBIEN SE QUE LA FE ES CERRAR LOS OJOS Y CREER QUE ME GUIARAS POR EL BUEN CAMINO, QUE PROOVERAS LOS MEDIOS ,LAS PERSONAS LAS CIRCUNSTANCIAS PARA QUE YO SEA BENDECIDO Y TE PUEDO SEGUIR ENUMERANDO MAS PROMESAS QUE ESTAN ESCRITAS Y QUE YA SON TUYAS ,SOLO QUE NECESITAS TOMARLAS RECLAMARLAS PARA TI COMO HIJO DE DIOS.EN FIN UN SALUDO Y EL CREADOR LES LLENE DE BENDICIONES AMEN.