
5 marzo, 2011
El tiempo desaparece, pero estas pequeñas horas aún permanecerán
A veces me doy pena a mi mismo, porque a veces parece que me gustan las peores películas. Un ejemplo; en los pasados Premios Razzies, prácticamente todos los honores se los llevó “El último maestro del aire”, la adaptación cinematográfica en live action del animé americano “Avatar”. La verdad, me gustó, palomera la movie, pero si me gustó, al menos más que Dragon Ball Evolution, que me dejó tan dañado que aun pago terapia por ella.
Hace unos años, antes de que Disney comprara a Pixar y pagara con acciones, lo que dejó a Pixar a cargo de Disney (si, suena raro, pero eso fue lo que pasó), la enorme compañía de animación trataba de meterse al mundo de la animación digital y hacer cosas diferentes a lo que exploraban Dreamworks, que venden mucho entretenimiento y apenas están haciendo obras de arte a considerarse como tales y su entonces socio comercial Pixar. El éxito fue de moderado a mínimo, al grado que dejaron de intentarlo, en lo que creo que ha sido el peor tiempo de la compañía, misma que pocos proyectos antes anunciaba que dejaba para siempre la animación bidimencional.
Por esas fechas se proyectó la película “Meet de Robinsons”, traída a México como “La familia del futuro”. La verdad, me pareció mala desde su planteamiento; llena de errores de continuidad justificados con “desplazamientos de tiempo”, las típicas paradojas mal justificadas y una animación que no aportaba nada nuevo. La dejé pasar voluntariamente, más aun cuando la gente me decía – Váyanla a ver, tiene bonito mensaje – Lo que es para mi la señal inequívoca de que es una cosa común y boba.
Bonito mensaje. Para mi eso realmente es el final de Star Wars, Episodio V. Eso es un bonito mensaje. Para la mayoría, bonito mensaje es ver a Doroty golpeando sus talones con la frase “no hay lugar como el hogar”, pero, a demás de ser un clásico (y ser cierto) no es más que una moraleja sencilla colocada al final de un filme que es un elefante blanco.
Si una película no implica sacrificio, aprendizaje doloroso y abandono, entonces no es más que un final emotivo después de una historia armada de un guión sencillo, probada con grupos de muestra y ya, lo cual, es en sí puro entretenimiento y sí, lo disfruto como tal (voy a ir a ver Transformers 3).
Sin embargo, casi 4 años más tarde de su estreno, nuestra Pádawan decide verla en Disney Chanel y yo, que trato de ver con ella todo, según mi tiempo me lo permite, por fin se de lo que trata. En efecto, no es la gran cosa; desarrollada eso sí con detalle depurado, pero con simplicidad; aunque con algunos gags interesantes.
Mi sorpresa, de esas que me gustan porque me demuestran lo chafa que soy realmente, fue al final de la historia. Se concluye con simplicidad y sin resolver todo eso de las paradojas temporales, problemas físicos y demás, pero haciendo énfasis en algo que a mi, al menos a mi, me pega muy hondo: la libertad de vivir y disfrutar lo que tenemos, esto es, la vida misma.
La canción con la que termina la película, resume la historia sin problemas y depura las deficiencias de la obra completa; hace un marco tan fuerte que arregla de golpe lo que era una historia sosa y personajes atípicos poco graciosos por lo extremo de sus perfiles y da sentido a todo lo expuesto.
Entonces termino conmovido, desde ese día cada que la veo; cosa que además de ser intensional, es frecuente, porque trato de no perdermela.
Ayer por la tarde, regresando de la escuela de nuestra pequeña, puse la televisión y la hallé en el menú de programación. Mientras trabajaba, repasaba la historia de ranas cantoras, guerras de albóndigas y burbujas de jabón transportadoras; ya con risas que no hubiera expuesto antes con tanta facilidad. Al final, la canción “Little Wonders” (pequeñas maravillas) de Rob Thomas, una de mis canciones favoritas, me saca dos lágrimas como cada que presencio el final de esta cursi película.
“La vida es un instante”, dice la traducción y me estremezco cuando se canta que se vive “en los instantes” y es que, es verdad, no es gran ciencia, no es una revelación superior; pero la vida, el tiempo, el presente en sí, es tan efímero que sólo las pequeñas cosas quedan; son las que conservamos, las que valen la pena.
Hoy pudimos pasar el día juntos, los tres; Akire, Pádawan y yo. Nos tocó limpiar la escuela, aunque yo estuve un momento por mis ocupaciones; comimos juntos, bromeamos, debatimos, nos explicamos cosas nuevas, discutimos y terminamos juntos. A veces no se puede, a veces es tremendamente difícil y complejo, nada probable para planear incluso; pero hoy se pudo. Terminamos acompañando a la pequeña Pádawan en Sears probándose ropa, sólo por crearse un estilo, sólo por averiguar que se le ve bien y sin comprar nada. Los tres juntos. Yo, que se de moda bastante, debo decir (¡Que pase el Burro primero!), y mi esposa, que aborrece la frivolidad; con nuestra niña que crece y que es tan distinta a todos que sufre igual rechazo que admiración, pero que sabe, como el héroe de la película, que sus dones la hacen única y que vale la pena probar, vivir, equivocarnos y disfrutar.
Sí, disfrutar. No todo es ajustarse a las reglas o esforzarnos por demostrar amor. La verdad, hay que soltarnos, ser atrevidos, vivir con libertad y con retos que nos hagan ser nosotros mismos. La vida está llena de pequeñas cosas, esas que se apilan una tras otra, a veces buenas y muchos ratos malas; pero eso somos. Los sueños nos dictan los pasos a dar pero no nos definen; son las acciones, los hechos, y como estos son efímeros, entonces lo que hemos pasado y hecho es lo que nos hace ser y pasar, o quedar.
Al final, la película retoma una cita de Walt Disney, una que me repito con frecuencia:
En este lugar no perdemos demasiado tiempo mirando hacia atrás, Camina hacia el futuro, abriendo nuevas puertas y probando cosas nuevas, se curioso… porque nuestra curiosidad siempre nos conduce por nuevos caminos.
Como dije hace algunos años, “¿Cómo se formarán nuevos modelos sin pensadores creativos que rompan con lo que se espera de ellos?”.
Gracias a mi familia, a mis amigos, esos que son tan pocos pero tan grandes, a la gente que tengo cerca. Gracias a Dios. Gracias por esas pequeñas maravillas que hacen que mi vida sea tan disfrutable y gracias especialmente a mi Akire y la Pádawan por dejarme experimentar y ser curioso, probar nuevos caminos y caminar hacia el futuro.
Les dejo los vídeos de la versión en español con escenas de la película y el tema en inglés, subtitulado.
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