#JuaiDeRito y los osos cristianoides

22 febrero, 2011

La semana pasada, desde el día en que escribo este post, el muy conocido Joaquín López Dóriga, periodista y conductor del Noticiero nocturno de Televisa tuvo como invitado en su programa al actor Anthony Hopkinsquien estuvo allí para promocionar su película “El Rito“. Lo impensable dio pauta a lo imposible: que el soporte de traducción para el invitado fallara y entonces no se escuchara la traducción al inglés de la entrevista que hacía en español “El Teacher” (apodo de López Dóriga) en los oídos del invitado.

Y como diría Steve Jobs… ¡Boom! El afamado conductor, notable periodista, crítico de la política y la sociedad nacional, corresponsal de guerra en Irak, el más notorio conductor de noticieros en Latinoamérica… no pudo entrevistar a su invitado en un inglés fluído y coherente. Inició con la pregunta ¿Por qué el Rito? y luego trató de decirlo en un débil inglés pensado en español: “Juai the rito?” Anthony Hopkins incluso trató de interpretar las preguntas, lo corrigió en varias ocasiones y en cierto momento tomó la iniciativa de hablar de su película sin más qué decir de López Dóriga, que a cada momento tenía más dificultades para la entrevista.

Todo terminó felizmente para todos, sin embargo. El hashtag #JuaiDeRito se volvió trend topic mundial en Twitter. El grueso de la población en las redes sociales dejó entonces en paz a Kalimba y comenzó a hacer mofa del “ticher”. Era una catarsis nacional en contra del odiado pero al mismo tiempo admirado conductor que se había equivocado; él, tan perfecto y preparado, delante de todos nosotros, la masa informe e inculta que ve los noticieros de televisa y les abre sus carteras para comprarnos una vida al estilo de la “fábrica de los sueños”.

La gente odia a Televisa porque son ricos, porque son bellos y porque se ven “chidos”. Son “fresas” y son “mamilas”. De hecho, todo lo de Televisa está clasificado como tal por la gente… eso haría pensar a cualquiera que Televisa va en caída al anonimato o a terminar en sólo un pobre canal de Youtube con menos visitas que el mio; pero no es así. Es el médio de comunicación electrónico más poderoso del país y con influencia continental y López Dóriga es tan confiable en noticias para la gente de México como el Ayate de Juan Diego para los Guadalupanos, aunque ambos sean un producto muy bien formado.

El conductor se dejó golpear por la prole, “aguantó vara”, se rio de sí mismo y con ello, seguramente bien asesorado, evitó el fatídico Efecto Streisand y así, a demás, ganó audiencia.

Sin embargo, no quiero dejar pasar esto para compararlo con algo que de inmediato me vino a la cabeza: los cristianoides.

Si le dices a alguien “soy cristiano” no se esperará jamás ver que te equivocas o que cometes algo malo… según tú. La verdad es que la gente no cristiana está esperando ver que los cristianos nos equivoquemos, quieren vernos pecar y mostrarnos que no somos santos. Yo estoy con ellos, al menos en la mayor parte.

Los cristianos somos absurdamente mentirosos a veces, todo por mantener nuestra buena imagen “ante el mundo”. Si hacemos algo mal, lo escondemos con la esperanza de que Dios nos perdone y el asunto se olvide. Vamos a la iglesia a levantar manos santas, a cantar y a acusar a otros.

Sin embargo yo he visto cristianos “perfectos”, caer fuertemente de su pedestal auto colocado y levantarse graciosamente como si nadie lo hubiera notado. He leido personas que borran comentarios ofensivos en Facebook, moderan como “discusión inapropiada” ciertos comentarios en su blog, y cuando sus chismes y comentarios desafortunados salen a la luz de inmediato dicen “alguien me hakeó mi cuenta”, aunque hallan hecho daño a alguien que aman.

Yo no me escapo. Nadie. Somos como los dueños de un perro que tiene un trapo sucio de juguete y al llegar visitas lo metemos bajo el sofá con la esperanza de que nadie se de cuenta, porque el trapo ese se ve feísimo y huele peor que yo en un sábado de puente. Mientras estamos con las visitas, somos “naturalmente perfectos” e incluso dejamos ver que estamos siendo tratados por Dios, cambiados y que estamos mejorando. Lucimos nuestra vida potentada como un resultado de la “fidelidad de Dios y su provisión” y nos callamos nuestros graves desajustes emocionales. De pronto ¡boom! el perro saca su juguete y quedamos expuestos. Quizá las visitas no hubieran pensado mal de ver al perro con su trapo, quizá hubieran pensado: “bueno, es un perro” y ya. Pero no, nosotros al esconder, al tratar de remediar… lo dejamos todo peor. ¿Qué sería tan malo?

Yo insisto, soy el peor (como todos dicen). No diré que soy una llaga podrida, pero soy un hombre arrepentido de muchas cosas y he tratado de arreglarlas; he aprendido que no puedo esconderme para tirar piedras, no puedo hacerme ver como un cristiano que tiene su vida en órden. Sí, le caigo mal a mucha gente, sobre todo a aquellos que les encantan las frases bendecidoras, estar listos “por si hoy es la noche en que Cristo vuelve” y que viven esperando que nadie abra la alacena dónde esconden sus demonios. No soy Ned Flanders. Soy Bart Simpson, infantil, inmaduro, irresponsable, olvidadizo, descuidado, polémico y manipulador. Mi esposa dice que, a demás de ser un Samurái soy como Gregory House (como todos quieren ser) pero no es algo bueno, es malo, es un peso que quiero dejar. Soy un hombre que no merece ser amado y aun así, hay quien quiere trabajar, aprender y llevarse bien conmigo, que me aguanta y hasta me mima aunque sea insoportable.

A demás, aunque entiendo perfectamente el inglés, lo hablo peor que López Dóriga. Así que, bueno, mejor no me pongo a tratar de simular una vida de hermosura. Soy lo que soy, pero Dios me ama así y está feliz de que así sea y eso, me hace amarme y amar a mucha gente. ¿No se trata de eso? ¿De amor, perdón y arrepentimiento?

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