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La bella irrealidad del mundo de caramelo

6 septiembre, 2011

Y dirás: «¡Cómo pude aborrecer la corrección!
¡Cómo pudo mi corazón despreciar la disciplina! No atendí a la voz de mis maestros,
ni presté oído a mis instructores. Ahora estoy al borde de la ruina,
en medio de toda la comunidad.»

Provervios 5:12-14 NIV

La vez pasada me quedé con muchas cosas que decir. La verdad es que esto de la educación infantil siempre es bien complicado de tratar, no sólo porque siempre sale un experto que dice darnos la panacea de la formación infantil ideal o una persona que, si bien reconoce que no debe ser tomado muy en serio, también logra crear estilos educativos y, desde luego, tenemos a los maestros cristianoides que siempre saben qué hacer, siempre están convencidos y siempre acusan de infieles y malos padres a quienes no hacen “opcional y voluntariamente” lo que ellos dicen.

Como yo no quiero caer en ninguno de esos grupos me mantengo lo más apartado posible de decir que esto es la verdad, la neta o la mejor de las mejores ideas. Sin embargo… lo tengo que decir: odio que se quiera mantener a los hijos fuera de la realidad. ¿A los hijos? ¡Qué va! ¡A nosotros mismos!

Vivimos en un mundo lleno de corrupción, de malas palabras y de precios altos. Nuestra música cristiana a bajo volumen no puede competir con la del vecino con los Tigres del Norte que toca tan fuerte que la pecera vibra al ritmo de la tambora mientras los peces bailan quebradita, no porque les guste, si no porque el ritmo genera corrientes en su microecosistema. Los maestros de la escuela llaman desinteresado al niño genio y al discapacitado lo llaman con capacidades “diferentes”, discriminándolo más en pos de la adaptación social.

Sin embargo no queremos, no aceptamos, nos negamos a aceptar la realidad. Vamos a la iglesia enfundados en ropa “modesta”, como sea que se vea esa cosa, nos alegramos de que en casa los canales porno, los noticieros amarillistas, las televisoras nacionales con sus Lauras, Lolitas, Patys y Academias no se ven, la música tiene un claro filtro cultural; no se lee cualquier periódico, si es que se lee. Todo es lindo, justo, bello, sin discusiones, sin sexo, sin groserías, sin impunidad, sin ignorancia, sin premura, sin tolerancia, sin diferencias, todo del color que nos gusta, de la revelación que escuchamos, que pensamos, que sabemos, que conocemos, que amamos, que admiramos, sin odios, sólo lo que odiamos, porque odiar es malo, pero odiamos lo que no se puede hacer, decir, pensar o escuchar; lo que no es nuestro, lo que no es compatible con lo nuestro. Dios es Nosotros, nosotros somos Dios. Y Dios hace todo lo que queremos, porque Dios nos da lo que pedimos. Sí es su voluntad, claro, y más le vale que lo sea… o si no…

Entonces nos pintamos del color que se permite, o nos lo quitamos. ¿Recuerdas Pleasantville? Ese mundo feliz, con amas de casa de ensueño que pasan la vida en la cocina esperando bien vestidas a sus maridos protectores y capacitados para defender la casa, con hijos ignorantes pero puros y limpios. Una máscara de satisfacción en un mundo de falencias y descuidos donde las amas de casa no saben lo que es un orgasmo y los hijos lo que es una emoción cualquiera más que la satisfacción de obedecer en todo. Cuando la gente comienza a leer, a apreciar el arte, a escuchar lo que otros dicen, a disentir, a distinguir, a sentir, a excitarse o a arriesgarse, entonces la vida se llena de color y el plano gris de la seguridad coincidente con caminos cíclicos que no les permiten salir de su pobre pueblo seguro se convierte en un multiplano coloreado con los millones de tonos de la vida.

Cuando el Capitan del “Axioma” en “Wall-e” discute con el robot contramaestre de la nave, quien intenta hacerles sobrevivir, su más fuerte argumento es decirle “yo no quiero sobrevivir. ¡Quiero una vida!”. Jesús dijo en Mateo 11:12 “Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos ha venido avanzando contra viento y marea, y los que se esfuerzan logran aferrarse a él.” (NIV), lo que en la versión clásica Reyna-Valera se dice con la palabra “violencia”. Los violentos lo arrebatan.

Violencia es una pelea, un combate. Es Frodo peleando con su conciencia contaminada; es Anakyn Skywalker equivocando el camino y después de casi 3 décadas sacrificándose para corregirlo; es una idea disfrazada de Guy Fawkes haciendo explotar la sede de un gobierno totalitario, es un pianista salvando su vida en medio de la guerra más maldita que el hombre ha podido crear, es un niño huérfano abandonado a su suerte en Londres cantando y bailando entre bandidos para hallar una familia.

El Reino de los Cielos es oposición, es gemido, es placer, es relámpagos, es emoción. Desde luego, es paz y es seguridad, perdón y misericordia, pero una cosa no existe sin la otra porque Dios nos ha heredado un Reino violento y eso no se puede esconder.

Quienes viven, o intentan sobrevivir en un mundo de caramelo no pueden entrar al reino de los cielos. Lo siento mucho, es imposible. Cristo murió y resucitó, le dieron azotes y dejó litros de sangre tras él. Le dijeron malas palabras. Pasó sus últimos momentos acompañado de criminales. Luego, la paz es imposible sin la violencia, pero no la que se castiga por amenazar y lastimar, si no la que traduce la Versión Internacional como esfuerzo por aferrarse al Reino. Si te tienes que esforzar, entonces sí puedes entrar, si no te estás esforzando, entonces cambia de dieta y añade algo de vitaminas, porque te tiene que costar trabajo.

El reino de los cielos es, como dijo el Hombre Sabio en Sucker Punch: algo que “tiene un sabor que los cobardes jamás probarán”, pero eso, desde luego, no tiene sabor de caramelo.

2 Comments

  1. oswald dice:

    “Donde hay satisfacción no hay revoluciones”
    Confucio
    Dijo Cristo “…el que haya su vida la perderá…”

    Si nos hayamos cómodos con nuestra vida “religiosa”, y no hay aberración hacia ese tipo de farizeismo engañoso que se instala subrepticiamente. Es posible que hace tiempo que perdimos nuestra vida. Y todavía nos atrevemos a proclamar que Cristo es el camino, cuando no sufrimos violencia por la justicia del reino de Dios, en nosotros mismos y en consecuencia en la sociedad.

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  2. Los molinos de Dios muelen despacio pero seguro. ”
    Autor: Corrie Ten Boom

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