Los celos y sus disfraces

Los celos son considerados una respuesta emocional ante la amenaza de perder algo que se considera propio. Si nos detenemos un minuto en esta definición, encontraremos que en ella se asoma una de las raíces del problema: la idea de que una persona puede ser de nuestra propiedad. Desafortunadamente, no bastaría cambiar la definición. Esta se sustenta en todo un sistema ideológico que promueve el control, la dependencia y la violencia en las relaciones interpersonales.

Sus mecanismos

Los celos surgen de nuestro concepto de amor y de nuestras inseguridades personales que disparan actitudes hipervigilantes, temerosas, hostiles o hipercríticas. Los celos favorecen la manipulación y el control para reafirmar el dominio o la autoridad sobre el otro mediante inspecciones reiteradas de su comportamiento. Si “tú eres mío”, me siento con el poder de determinarte, o sea, con el poder de decirte que debes o no hacer. Eso es control.  Todas estas conductas violentas se han normalizado e invisibilizado.

Los celosos tienen la intención de retener a alguien para preservar el vínculo, pero en realidad lo merman y lo destruyen. Es una forma de autoengaño que nos impide hacer consciencia de nuestras inseguridades, escondiéndolas en nuestras dinámicas relacionales. Los celos son lo opuesto al amor, pero hemos encontrado muchas maneras de disfrazarlos.

Los celos y sus disfraces

En la pareja, los celos se disfrazan de amor.

Muchos de nosotros asociamos la idea de sentir celos con ser importantes para el otro. ¿Cuántas veces hemos escuchado frases como “si no te cela, no te quiere”, “no te vayas porque te necesito”? También otras basadas en el control como “no puedo vivir sin ti”, “si te vas me muero”, “eres todo para mí”. Si nos damos una vuelta por la zona de tarjetas de celebración de cualquier tienda, encontremos muchas de ellas con es ideas, promoviendo los celos, el control y la dependencia, confundiéndolas con amor.

Pero ¿no preferirías convivir con una persona que puede vivir sin ti pero que decide compartirse contigo? ¿No te sentirías más libre sabiendo que la vida de tu pareja no depende de ti? ¿No te sentirías aliviado sabiendo que no es tu responsabilidad completarlo ni “hacerle feliz”?

En el trabajo, los celos y el control se disfrazan de dedicación.

Estas personas se vuelven trabajadoras de tiempo completo porque no se sienten cómodas delegando trabajo, no saben trabajar en equipo y es difícil que reconozcan los logros ajenos. El control los hace sentirse responsables de todo, y realizarlo ellos mismos es la única forma de lograr que salga exactamente como se lo imaginaron. Una persona celosa y controladora establece relaciones de competencia con el resto de sus colaboradores y no deja pasar la oportunidad de ser felicitada por su esmero.

Pero ¿no preferirías sentirte menos presionado por el trabajo y que formas parte de un grupo donde, “entre todos” podrán lograr los objetivos colaborando? ¿No te gustaría vivir con menos exigencia y perfeccionismo, aumentando tu confianza personal?

El control y los celos con los hijos se disfrazan de sobreprotección.

No permitir que los hijos crezcan, que resuelvan los retos cotidianos acordes a su edad, evitarles cualquier frustración y resolverles la vida son todos síntomas de sobreprotección. Esta conducta tiene que ver con las inseguridades, miedos y necesidades inconscientes de los padres que los llevan a prolongar la dependencia de los hijos. Cuando estos padres perciben la amenaza de que alguien se interponga (tíos, maestros, terapeutas, o una pareja), normalmente reaccionan con celos, puesto que también los hijos son percibidos como una propiedad.

¿No te gustaría hacerte cargo de tus necesidades sin requerir de tus hijos para compensarlas? ¿Te gustaría que tus hijos fueran adultos responsables e independientes?

Con amigos y entre hermanos los celos se disfrazan de competencia.

Entre hermanos es común que se establezca una relación de celos por el amor de los padres. Si viviéramos pensando que el amor no se reparte ni se divide entre las personas de nuestra vida, sino que se multiplica, entonces podríamos transmitirle a los niños esta misma noción de amor. Si pudiéramos modelarles vínculos que no están ahí para completarnos sino para acompañarnos, que cada quién es responsable de su cuidado y de su felicidad, y que nadie tiene la obligación ni la responsabilidad de completarnos, quizá podríamos establecer relaciones diferentes.

En el caso de amigos ocurre lo mismo, cada relación de amistad es única e irrepetible. Lo que compartimos con una persona es totalmente diferente a lo que la otra nos aporta. Hasta que no comprendamos esto no podremos vivir en sororidad, libre de celos, control y competencia.

Y tú, ¿de qué disfrazas tus celos?

Tatiana Yedid y Marisol Dacasa De la Lanza

Marzo, 2018

Referencias adicionales:
Etxebarria, L. (2016). Más peligroso es no amar. Poliamor y otras formas de relación sexual y amorosa en la actualidad. España: Aguilar

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Publicado en Colaboraciones.

Tatiana Yedid Lastra

Soy una mujer apasionada de las experiencias que detonan la existencia y de las mudanzas de la vida. Mi mayor cómplice y refugio es la palabra, con ella desafío mis contradicciones, detono la transformación, — hasta la transgresión — y me sostengo fiel a mi misma.
Busco el sentido de la vida en las profundidades de ser mujer, madre, amante, amiga, psicoterapeuta, sexóloga y escritora.