24 febrero, 2011
El día de hoy es un día como todos en el pequeño escenario en el que me toca representar la vida. Un día con despertar, un baño refrescante, un café fortificante, un retraso inevitable, modificaciones al sitio web de la revista de sátira política que dirijo, seguimiento de notas periodísticas, decisiones, alegrías y el inevitable spam con un hoax más, de esos que, tarde o temprano llegan, “como ladrón en la noche”, si me permiten el término.
El problema es que yo tengo todo el SPAM filtrado y aun así se me coló esto, es como cuando una chica queda embarazada y a la pregunta de su padre revestido de su naturaleza de energúmeno sólo atina a responder – no se cómo pasó – . Perdonen por la comparación. El caso es que allí estaba ese correo infame, de los que tanto odio, pero al ver que un pastor de mi ciudad lo había enviado hice el sacrificio de leerlo en toda su extensión. Entonces, de la risa estereotipada pasé al enojo multiforme. ¿Cómo puede un pastor tomarse la libertad de mandar un correo como este sólo porque a él se lo envió otro pastor? Y luego me preguntan por qué hablo mal de nosotros, si nosotros, los cristianos.
Aprovecho para aclarar que no hablo mal. Observo, trato de ser crítico, porque, como dije hace poco más de dos años:
Los cristianos somos ombliguistas, no nos gustan las críticas, las diferencias y no apreciamos los puntos de vista. Así, hemos hecho denominaciones que se condenan unas a otras sólo por boberas que son sólo puntos de vista factibles. Eso nos separa tanto que de verdad no se nota que nos amamos entre nosotros, por tanto, no se cumple lo que Jesús dijo: “En esto se conocerá que son mis discípulos”
Es decir, escribo para ser parte de la autocrítica, y también alabo los esfuerzos por comunicarnos y por encontrar puentes de comunicación con la sociedad; pero eso no se puede lograr alienándonos y haciéndonos a un lado para descartar todo aquello que nos parece insano. Lo peor, es que en ese apartarnos nos hemos vuelto ignorantes e incultos. La esposa de cierto pastor que conozco predicaba acerca de destruir las ruinas arqueológicas porque son ídolos. ¿En serio?
El hecho es que, no voy a reproducir el correo que me mandaron en cadenita y en teléfono descompuesto, pero diré en concreto que es un correo dónde un supuesto pastor envía “datos confiables” recibidos de “fuentes bien informadas” en el que se anuncia un desastre natural por venir en pocos días. Como es algo serio, un pastor lo pasa a otro, este a otro más, luego el tercero lo pasa a un cuarto y esta su gente “de confianza”, sin olvidar que cada eslabón en la cadena hizo lo mismo… todo respaldado por ser el pastor quien manda la información.
Si reciben un correo de un pastor que recibió informes de instituciones de salud y militares diciendo que un terrible desastre natural en México tendrá lugar pronto, olvídenlo, no es más que basura. Lo que me molesta es que sean pastores quienes se atrevan a difundir este tipo de mentiras sosas y avergonzantes.
¿Quieren un comentario constructivo? Allí les va:
Un pastor debería de ser un nicho de conocimiento y de comprensión de la realidad humana. Como dijo cierto diputadillo mexicano. ¿Tú dejarías que un borracho conduzca tu auto? Bien, pues yo pregunto, ¿dejarías que una persona sin conocimientos generales de teología, psicología y humanidades conduzca tu vida? Yo no lo he permitido jamás.
La cultura no es difícil de abrazar, pero el criterio es muy difícil de formar. Lo malo es que regularmente estamos educados a dejar los argumentos lógicos y abandonarlos por algo tan simple como la confianza en el pastor. No es lo mismo que tener fe en Dios. El pastor depende de su conocimiento y comprensión de la realidad y muchas veces su único conocimiento es la biblia.
Quizá tu pienses que eso es suficiente, con el poder del Espíritu Santo y la revelación de Dios… creo que así se dice en cristianés. Pero eso no es todo, porque aun así los pastores están inmersos en un espacio social y este debe su comportamiento a tendencias, ciclos, motivaciones y puntos de vista tan diversos que generan caos y probabilidades infinitas.
Un pastor debe de conocer cómo se comporta la gente, quién miente y cómo lo hace. Debe de aprender a hacer y administrar finanzas, para ser transparente en la iglesia. Debe de conocer de historia y de geografía, más allá de la bíblica, porque no vive en Israel y las raíces culturales de la población en la que vive cambian las cosas de iglesia a iglesia. Debe de saber d cultura popular y no hacer el ridículo ante los términos y frases de la gente actualizada.
Un pastor debe de ser capaz de reconocer un rumor de una nota precautoria real y no perder la compostura pasando una papa caliente con datos ilógocos de destrucción masiva en un desastre natural.
Ya, parémosle a ese bla bla continuo que es la cristiandad moderna, olvidémonos de ese barullo dominical que nos conduce en un cada vez más excelente peso de engorda. Dios no soporta a los tibios, eso es cierto y la tibieza no se mide en qué tanto te quejas del mundo o qué tanto te aíslas de las “cosas ocultas del diablo”. Un cristiano tibio es el que no es frío ni caliente, ese que es manipulable incluso por su propio caracter, un caracter como barquito de vela que es llevado de un lado a otro. No sólo es la fe lo que debemos de fortalecer, es desarrollar un criterio empapado por el entendimiento de Dios, pero vamos, criterio al fin, y por tanto un punto de vista eludible y lleno de falencias, por humano.
No recibas todo lo que sea de tu pastor sólo porque viene de él. Lee, lee algo más que historias, novelas o cuentos. Aprendamos y desarrollemos cosas que hemos descartado y no me pasen correos tan bobos, por favor, de verdad, no.
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